sábado, 6 de octubre de 2007

Bienvenidos a mondosordo

Durante años me he dedicado al viejo oficio de mis padres, al siempre desagradecido oficio del maestro. Si algo aprendí de las clases de inglés que impartía era que los adolescentes y los no tan adolescentes sufrían de una grave deficiencia(entre las otras muchas proporcionadas por la inevitable fase biológica): no se les escuchaba. Ni sus padres, ni la mayoría de sus profesores en la escuela, ni sus abuelos, ni el que les vende el tabaco de estranquis, nadie les escuchaba. Y ellos, lejos de darse por vencidos, lo intentaban sin cesar. De ahí que en clase no se logre un poco de silencio a no ser que el profesor les amenace con lo peor imaginable para sus mentes adolescentes.

De acuerdo, es una visión harto romántica y optimista del grave problema de atención de los chavales en clase. Pero, ¿y si el problema se enquistara durante la adolescencia, como tantos otros traumas, y resultara en una sociedad adulta que no escucha ni se escucha? Y empecé a analizar mi entorno laboral....

En mi trabajo: el jueves pasado fui a la Feria del Libro en mi ciudad a negociar con otros editores (sí,sí, gente que se supone que lee muchísimo y que sabe escuchar las necesidades del lector). Ni uno solo de los editores y comerciantes con los que hablé logró mantener la vista mirándome a los ojos mientras me hablaba o le hablaban, sus ojos revoloteaban y no entendía nada de lo que se le decía, demasiado pendiente estaba del uno y del otro que pasaban por su lado.

En mi otro trabajo: también soy dependienta de una librería, y la gente acude a nuestro pequeño establecimiento porque se puede hablar, o porque ellos pueden hablar (que lo hacen...y mucho...algunos incluso demasiado). ¿Por qué? Porque por fin alguien les escucha.

Y muchos otros ejemplos, como el de los camareros de bar, que tienen que escuchar toda una retahíla de quejas, estudios filosóficos sobre el destino de la humanidad, la pareja, la familia o el gobierno, por mencionar algunos.

Así que mi conclusión para hoy es que vivimos en un mundo de sordos. Bienvenidos a mondosordo.