sábado, 23 de junio de 2007

DEL OFICIO DE NUESTRAS ABUELAS

Una de las cosas que más despiertan mi curiosidad es saber cómo la gente es capaz de saber exactamente a qué van a dedicar el resto de sus vidas. Por ejemplo, ¿cómo decides que quieres ser oftalmólogo? Siempre he creido que cuando somos unos críos a lo único que queremos dedicar el resto de nuestras vidas es a realizar cualquier tipo de actividad que lleve implícito un cierto sentido aventurero. Confesémoslo: todos conocemos a alguien que alguna vez ha deseado ser astronauta, bombero, médico (para salvar vidas), escritor (al estilo más loco y bohemio), dibujante de cómics (y vivir toda la vida haciendo las caricaturas de tus profesores y amigos). Pero, ¿cómo llega alguien a la conclusión de que quiere ser oftalmólogo?¿o dentista?¿Es que no ha pasado jamás miedo en la consulta del dentista?¿cómo puedes querer convertirte en la pesadilla de millones de personas que pueden permitirse empastarse una caries?

Lo cual me lleva a considerar una cuestión aún más espeluznante: ¿qué es una profesión?Una actividad que requiere un cierto esfuerzo y por la que obtienes cierta remuneración económica, puede que argumentara algún historiador (ignoro si se trata de una expresión redundante, hace años que no me dedico a escribir tratados académicos). Si aceptamos dicha definición, la prostitución es una profesión así como la docencia universitaria (¡nótese qué oficio tan cercano a la prostitución!, mis disculpas, no pretendía ofender a las prostitutas).

No.Yo creo que una profesión es algo más. Por ejemplo, yo conozco viudas oficiales. Sí, puede que reciban cierta remuneración económica por ejercer como tal, pero no es del todo necesario. Pienso en algunas abuelas que, o bien por arrepentimiento, o bien por mimética culebronesca, hacen del llanto una profesión. Así se sienten vivas, llorando a su muerto, provocándose el llanto (hasta que, años después logran controlarlo con gran pericia hasta el punto de ser capaces de llorar sin que venga a cuento). ¿Por qué?Quizás por aquello de ganarse el pan, que en este país de sentido de culpabilidad no nos falta. Si cobran la pensión de viudedad de una marido que se sacrificó toda su vida para que no les faltara de nada, ahora deben pagarlo con lágrimas, para que no se diga que no se lo merecen. Así es nuestro país, ha criado una legión de mujeres inútiles, privándolas de enseñanza y del ejercicio de sus facultades intelectuales, atiborrándolas de sentimentalismo barato y de basura cotilla, poniendo unas en contra de las otras, madres contra hijas, hijas contra hermanas y así sucesivamente, por un puñado de lágrimas. Y es que en este país la mujer no ha conocido otra cosa más que la profesión de esposa, amante, prostituta,viuda, hija, sacrificada y mártir.
Celebro que se prohiba y se castigue la ablación genital femenina, pero deberíamos recordar aquellas mujeres que en nuestro país fueron intelectualmente mutiladas por el fanatismo religioso de derechas y el nefasto bagaje ideológico de la Iglesia que todavía arrastramos con cada deplorable ejercicio de la violencia machista en nuestro país.

No hay comentarios: